Introducción
La pregunta más fundamental que puede hacerse el ser humano no es simplemente quién es él mismo, sino quién es Dios. Esta interrogante no es meramente filosófica o académica; es existencial y determinante. La manera en que una persona concibe a Dios moldea de forma radical su visión del mundo, su ética, sus relaciones, su adoración y su esperanza eterna. Una concepción errónea de Dios no solo conduce a errores intelectuales, sino a una vida entera construida sobre fundamentos equivocados. En el ámbito de la fe cristiana, esta reflexión ordenada, sistemática y bíblicamente fundamentada acerca de quién es Dios recibe el nombre de Teología Propia. No se trata de un tema reservado para académicos o pastores con formación avanzada; es una disciplina que todo creyente serio está llamado a cultivar, porque conocer a Dios correctamente es el fundamento de toda vida cristiana auténtica.
La Teología Propia es una de las ramas centrales de la teología sistemática y se ocupa específicamente del estudio de la persona, la naturaleza, los atributos y las obras de Dios considerado en sí mismo. A diferencia de otras subdisciplinas teológicas que estudian las obras específicas de Dios —como la creación, la redención o el juicio final—, la Teología Propia se centra en quién es Dios antes de lo que Dios hace. Desde una perspectiva evangélica bautista, afirmamos con convicción que todo conocimiento verdadero y confiable de Dios debe proceder exclusivamente de la revelación divina contenida en las Sagradas Escrituras, y no de especulaciones filosóficas autónomas, tradiciones humanas elevadas indebidamente al nivel de autoridad final, ni de experiencias subjetivas desconectadas del texto bíblico. Este artículo servirá como fundamento introductorio para comprender qué es la Teología Propia, por qué es absolutamente indispensable para la fe cristiana sana y cómo se articula con el resto del sistema teológico.
1️⃣Definición y Significado del Término «Teología Propia»
📜El origen del término
La expresión Teología Propia tiene raíces en el vocabulario técnico de la teología sistemática clásica. Proviene de las palabras griegas Theos (Dios) y Logos (estudio, discurso, razón). En sentido estricto, toda teología es, por definición, un estudio acerca de Dios. Sin embargo, dentro del sistema teológico cristiano, el término «Teología Propia» se ha reservado para designar el estudio de Dios en sí mismo, en su ser, naturaleza y atributos, distinguiéndolo del estudio de las personas de la Trinidad por separado —Cristología, Neumatología— y de sus obras en la historia de la redención —Soteriología, Escatología—. Esta distinción no implica que Dios pueda conocerse desconectado de sus obras, pues Dios se revela precisamente a través de lo que hace; pero metodológicamente, la Teología Propia establece las bases sobre las cuales todo lo demás descansa y se sostiene con coherencia teológica.
¿Por qué se llama «propia»?
El término propia en este contexto no alude a posesión, sino a especificidad y enfoque directo. Se utiliza para indicar que el estudio se centra en Dios considerado en sí mismo, en su esencia y sus perfecciones, y no en sus obras específicas en la creación o la redención, aunque estas últimas están íntimamente relacionadas con quién Él es. El teólogo Wayne Grudem, en su influyente obra Teología Sistemática, señala que el estudio de los atributos de Dios es fundamental porque «todas las otras doctrinas de la teología cristiana dependen, en alguna medida, de la correcta comprensión de la naturaleza de Dios.» En otras palabras, la Teología Propia no es solo un capítulo más en el sistema teológico; es su columna vertebral. Estudiarla con rigor y fidelidad bíblica es, por tanto, una prioridad ineludible para cualquier persona comprometida con una fe sólida, coherente y bien fundamentada en la Palabra de Dios.
2️⃣La Centralidad de Dios en las Escrituras y en la Teología Cristiana
La Biblia comienza y termina con Dios
Una de las evidencias más poderosas de la centralidad de Dios en la fe cristiana es precisamente la estructura de la Escritura misma. La Biblia no comienza con una introducción al ser humano, ni con una reflexión sobre el cosmos, sino con una afirmación teológica absoluta y rotunda: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Esta declaración inicial establece que Dios es previo a toda realidad creada, que actúa con soberanía absoluta, y que el universo entero existe porque Él lo quiso así. Del mismo modo, la Biblia concluye con el libro del Apocalipsis, donde la escena final no es la consumación del proyecto humano, sino el reinado eterno de Dios sobre una nueva creación. Dios es el Alfa y la Omega, el principio y el fin (Apocalipsis 21:6). Esto no es simplemente un recurso literario; es una declaración teológica profunda de que Dios no es un personaje más en la historia humana, sino el autor, el sustentador y la meta final de toda historia.
Por qué la doctrina de Dios es fundacional
El teólogo 🔎A.W. Tozer afirmó en su obra clásica El Conocimiento del Dios Santo que «lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros.» Esta afirmación no es una hipérbole; refleja un principio teológico fundamental: una concepción errónea de Dios tiene consecuencias devastadoras en todas las demás áreas de la fe y la vida cristiana. Si se concibe a un Dios limitado en su poder, la confianza en la providencia se debilita. Si se concibe a un Dios moralmente neutral o impreciso en su santidad, la ética cristiana pierde su fundamento absoluto. Si se concibe a un Dios impersonal o distante, la adoración se convierte en un acto vacío y sin sentido. Por el contrario, una comprensión correcta y robusta de quién es Dios —su omnipotencia, su santidad, su amor redentor, su soberanía absoluta— tiene la capacidad de transformar cada dimensión de la existencia cristiana, desde la oración personal hasta la misión de la iglesia en el mundo.
Un error en Dios afecta todo el sistema teológico
Los errores históricos más graves en la historia de la iglesia no comenzaron en la soteriología o en la escatología; comenzaron en la doctrina de Dios. Las herejías del arrianismo, el modalismo o el politeísmo práctico de algunos movimientos contemporáneos son, en su raíz, distorsiones de la Teología Propia. El teólogo Louis Berkhof, en su Teología Sistemática, señala que «la doctrina de Dios es, sin duda, la más importante de todas las doctrinas de la teología cristiana», precisamente porque todo lo demás —la creación, la antropología, la redención, la iglesia, las últimas cosas— se construye sobre lo que creemos acerca de quién es Dios. Cuando los cimientos se mueven, todo el edificio tiembla. Por esta razón, la Teología Propia no es un tema opcional para creyentes avanzados; es una necesidad urgente para cualquier iglesia que desee mantenerse fiel al evangelio de Jesucristo y resistir los errores de su tiempo.
3️⃣La Revelación como Única Base Sólida del Conocimiento de Dios
❓El problema del conocimiento de Dios
Uno de los grandes desafíos de la Teología Propia es epistemológico: ¿cómo puede el ser humano finito conocer al Dios infinito? Esta pregunta no es nueva. Los filósofos griegos intentaron llegar a Dios a través de la razón pura. Las religiones orientales buscan a Dios a través de la experiencia mística. El racionalismo moderno pretende o bien probar a Dios desde la lógica, o bien descartarlo por considerarlo indemostrable. Sin embargo, desde la perspectiva bíblica, el conocimiento verdadero de Dios no es el resultado de una búsqueda humana ascendente, sino de una iniciativa divina descendente: Dios se revela a sí mismo. El teólogo Herman Bavinck lo expresa con claridad en su Dogmática Reformada al afirmar que «Dios solo puede ser conocido si Él mismo se da a conocer.» Esta verdad fundamental orienta toda la Teología Propia: su fuente no es la especulación humana, sino la revelación divina recibida con fe y gratitud.
🌎La revelación general: real pero insuficiente
La teología cristiana reconoce dos formas de revelación divina. La primera es la revelación general, que se refiere al conocimiento de Dios accesible a todos los seres humanos a través de la creación, la conciencia moral y la historia. El apóstol Pablo afirma en Romanos 1:19-20 que las perfecciones invisibles de Dios —su eterno poder y deidad— se hacen claramente visibles a través de las cosas creadas, de modo que los seres humanos no tienen excusa para ignorar la existencia de Dios. La creación declara la gloria de Dios (Salmos 19:1), y la conciencia humana atestigua su ley moral (Romanos 2:14-15). Sin embargo, la revelación general, aunque real y significativa, tiene límites importantes: no revela el plan redentor de Dios en Jesucristo, no especifica el camino de la salvación, y no puede, por sí sola, conducir a un conocimiento salvador de Dios.
📖La revelación especial: necesaria, clara y suficiente
La segunda forma de revelación divina es la revelación especial, que incluye las intervenciones directas de Dios en la historia de Israel, las palabras proféticas, los milagros, y de manera suprema, la persona de Jesucristo (Hebreos 1:1-2). Esta revelación especial ha sido inscrita de manera fiel e infalible en las Sagradas Escrituras, que constituyen la Palabra escrita de Dios. La revelación especial es necesaria porque el ser humano, afectado por el pecado, no puede alcanzar por sus propios medios un conocimiento redentor y transformador de Dios. Es clara en sus enseñanzas centrales, comprensibles para quien lee con corazón receptivo y método responsable. Y es suficiente, porque contiene todo lo que el creyente necesita saber acerca de Dios para vivir una vida de fe, obediencia y adoración genuina. Por ello, desde una perspectiva bautista evangélica, la Escritura es la única regla de fe y práctica, la norma que regula toda
reflexión teológica.
Teología Propia y Autoridad de las Escrituras
La dependencia mutua entre Bibliología y Teología Propia
La Teología Propia no puede separarse de la Bibliología, que es el estudio de la naturaleza y autoridad de la Biblia. Ambas disciplinas están profundamente interconectadas: si la Escritura no es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16-17), si no es inerrante en sus afirmaciones originales, si no posee autoridad absoluta sobre la vida y la doctrina de la iglesia, entonces no hay una base segura desde la cual hablar con certeza sobre Dios. Cualquier teología que prescinda de la autoridad bíblica queda reducida a opinión humana, vulnerable a los vaivenes culturales y filosóficos de cada época. El teólogo John Frame, en su obra The Doctrine of God, subraya que «el conocimiento de Dios es inseparable del conocimiento de su Palabra», porque Dios no se revela en abstracto, sino mediante el lenguaje humano que ha inspirado de manera sobrenatural para comunicar verdades eternas con fidelidad y precisión inigualables.
El principio de la Sola Scriptura
Desde la Reforma Protestante del siglo XVI, el principio de la Sola Scriptura ha sido la columna vertebral de la teología evangélica. Este principio no afirma que la Biblia sea la única fuente de información en el mundo, sino que es la única autoridad infalible y final en materia de fe y doctrina. Martín Lutero, Juan Calvino y los reformadores del siglo XVI recuperaron este principio frente a la pretensión romana de equiparar la tradición eclesiástica con la Escritura. Para la tradición bautista, la Sola Scriptura implica que ningún concilio, ningún pastor, ninguna confesión de fe —por valiosa que sea— puede tener la misma autoridad que la Palabra de Dios escrita. En lo que respecta a la Teología Propia, esto significa que todo lo que afirmemos acerca de la naturaleza, los atributos y las obras de Dios debe sustentarse en el testimonio de la Escritura, interpretada con principios histórico-gramaticales responsables y coherentes.
4️⃣El Dios que Revela la Escritura: Sus Atributos Fundamentales
🔹Los atributos incomunicables de Dios
La Teología Propia distingue entre los atributos incomunicables y los comunicables de Dios. Los atributos incomunicables son aquellas perfecciones que pertenecen únicamente a Dios y que no son compartidas, ni siquiera de manera análoga, con las criaturas. Entre estos se destacan: la aseidad o autoexistencia (Éxodo 3:14), que significa que Dios no depende de nada ni nadie para existir; la inmutabilidad (Malaquías 3:6; Santiago 1:17), que significa que Dios no cambia en su ser, carácter ni propósitos; la eternidad (Salmos 90:2), que indica que Dios no está sujeto al tiempo sino que lo trasciende; y la omnipresencia (Salmos 139:7-10), que significa que Dios está presente en toda su plenitud en todo lugar al mismo tiempo. Estos atributos establecen la radical diferencia entre el Creador y la criatura, y son esenciales para una adoración verdaderamente orientada hacia el Dios de la Biblia y no hacia una proyección de nuestros propios deseos.
🔹Los atributos comunicables de Dios
Los atributos comunicables son aquellas perfecciones divinas que, de manera análoga y finita, se reflejan también en los seres humanos creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27). Entre estos se incluyen: el amor (1 Juan 4:8), que en Dios es perfecto, incondicional e inagotable; la santidad (Levítico 11:44; Isaías 6:3), que implica la separación absoluta de Dios respecto al mal y su perfecta pureza moral; la justicia (Deuteronomio 32:4), que garantiza que Dios actúa siempre con perfecta equidad y rectitud; la misericordia y la gracia (Éxodo 34:6-7), mediante las cuales Dios se inclina con compasión hacia los pecadores; y la omnisciencia (Salmos 147:5) y la omnipotencia (Génesis 17:1; Apocalipsis 19:6). Estos atributos no son compartimentos estancos, sino dimensiones interconectadas de un único ser infinitamente glorioso, perfecto y digno de toda adoración.
Dios como ser personal y relacional
Una de las afirmaciones más importantes de la Teología Propia bíblica es que Dios no es una fuerza abstracta, una energía cósmica impersonal ni una proyección de los deseos humanos. La Escritura lo presenta constantemente como un ser personal: habla (Génesis 1:3), ama (Juan 3:16), se duele (Génesis 6:6), actúa en la historia (Isaías 46:9-10) y establece relaciones de pacto con su pueblo (Éxodo 19:5-6). Cuando Dios se revela a Moisés en el monte Horeb, lo hace con un nombre propio: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14), afirmando así su absoluta autoexistencia y su identidad personal. La teóloga Elizabeth Achtemeier ha señalado que «el Dios de la Biblia es radicalmente diferente a cualquier otra concepción de lo divino en la historia de las religiones, precisamente porque es un Dios que habla, que actúa y que ama con propósito y fidelidad.» Esta personalidad divina es la base sobre la que descansa toda posibilidad genuina de oración, adoración y comunión real con Dios.
5️⃣La Trinidad: El Corazón de la Teología Propia
La Teología Propia cristiana no puede estudiarse sin abordar la doctrina de la Trinidad, que es la enseñanza bíblica de que el único Dios verdadero existe eternamente en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta doctrina no es una especulación filosófica posterior, sino la conclusión que emerge del testimonio coherente de toda la Escritura. El Nuevo Testamento presenta con claridad que Jesucristo es Dios encarnado (Juan 1:1-14; Filipenses 2:5-11) y que el Espíritu Santo es una persona divina (Juan 16:13-14; Hechos 5:3-4), y sin embargo, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento afirman con igual claridad que solo existe un Dios (Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4-6). La resolución de esta aparente tensión es la doctrina trinitaria: un solo ser divino, tres personas eternas y coiguales. El teólogo Michael Reeves, en su obra Delighting in the Trinity, sostiene que «la Trinidad no es un problema teológico a resolver, sino una revelación gloriosa que hace comprensible el amor, la comunión y la misión de Dios en el mundo y para su pueblo.»
6️⃣Relación entre la Teología Propia y Otras Doctrinas Centrales
✝️Teología Propia y Cristología
La identidad y la obra de Jesucristo solo pueden comprenderse de manera correcta y completa sobre la base de una sólida Teología Propia. Afirmar que Jesús es el Hijo de Dios encarnado presupone una comprensión clara de la Trinidad: que Dios existe en tres personas, que la segunda persona asumió naturaleza humana sin dejar de ser plenamente Dios, y que esta encarnación es la expresión suprema del amor y la gracia de Dios hacia la humanidad caída. Si se parte de una concepción errónea de Dios —por ejemplo, si se niega la Trinidad o se limita el poder divino—, la cristología se distorsiona inevitablemente, cayendo en herejías como el arrianismo, el nestorianismo o el docetismo. Una Cristología sana, por el contrario, está enraizada en una Teología Propia robusta que afirma la plenitud de la deidad de Cristo y la realidad de su humanidad perfecta, en perfecta coherencia con el Dios trino que se revela en la Escritura desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
🩸Teología Propia y Soteriología
La doctrina de la salvación también depende, de manera directa y profunda, de la Teología Propia. La necesidad de la expiación —el hecho de que Cristo tuviera que morir en lugar de los pecadores— solo tiene sentido si Dios es absolutamente santo y justo, de modo que el pecado exige una satisfacción justa y perfecta. La posibilidad de la salvación solo es posible si Dios es soberanamente misericordioso y libre para proveer un sustituto que cargue con el juicio merecido. La certeza de la salvación —la seguridad de que los creyentes son guardados para siempre— solo puede sostenerse si Dios es omnipotente e inmutable en sus propósitos redentores. El teólogo J.I. Packer, en su obra El Conocimiento de Dios, afirma que «la debilidad de la soteriología contemporánea refleja, en última instancia, una visión empobrecida de la grandeza, la santidad y la soberanía de Dios.» Una soteriología robusta y bíblica nace inevitablemente de una Teología Propia sólida y coherente.
🙏Teología Propia y Vida Cristiana
La conexión entre la Teología Propia y la vida cristiana cotidiana es más directa de lo que muchos creyentes perciben. La manera en que una persona concibe a Dios determina cómo ora, cómo enfrenta el sufrimiento, cómo toma decisiones éticas, cómo se relaciona con los demás, y cómo contempla su propia muerte y eternidad. Un creyente que conoce la omnisciencia de Dios orará con la confianza de que Dios comprende perfectamente su situación. Un creyente que conoce la soberanía de Dios enfrentará la adversidad con esperanza, sabiendo que nada escapa al control del Padre celestial. Un creyente que conoce la santidad de Dios tomará en serio el pecado y buscará la santificación como una respuesta de amor. El Catecismo de Westminster captura esta verdad al afirmar que «el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.» Esa glorificación y ese gozo nacen del conocimiento profundo de quién es Dios.
La Teología Propia y la Adoración Cristiana Auténtica
Una de las consecuencias más prácticas y urgentes de la Teología Propia es su impacto directo sobre la adoración. La adoración cristiana genuina no es simplemente un estado emocional o una preferencia estética; es una respuesta racional, afectiva y volitiva al Dios que se ha revelado en su Palabra. John Piper, en su obra Sed de Dios, sostiene que «la adoración es el combustible y la meta de la misión: combustible porque sin ella no hay amor genuino a Dios, y meta porque la salvación tiene como objetivo final la gloria de Dios.» Cuando la iglesia adora a un Dios que no corresponde al Dios de la Escritura —sea por ignorancia, por preferencia cultural o por distorsión teológica—, la adoración se convierte en idolatría, aunque use el nombre de Jesús. Por el contrario, cuando la congregación es formada en una Teología Propia bíblica y sólida, la adoración se profundiza, se purifica y se orienta hacia el único Dios digno de toda gloria, honor y alabanza eterna.
El Enfoque Evangélico Bautista en la Teología Propia
Desde la perspectiva de la tradición bautista evangélica, la Teología Propia se caracteriza por un conjunto de compromisos distintivos que la definen y la orientan. En primer lugar, hay un sometimiento total a la autoridad de la Escritura como única norma infalible de fe y práctica, rechazando cualquier autoridad magisterial extra-bíblica que pretenda igualarse a la Palabra de Dios. En segundo lugar, hay un fuerte énfasis en la soberanía de Dios, que se expresa en la convicción de que Dios gobierna todos los eventos de la historia con propósito eterno. En tercer lugar, hay un acento destacado en la santidad de Dios como el atributo que permea y caracteriza a todos los demás, que sirve como fundamento de la ética cristiana y que hace de la expiación sustitutoria una necesidad lógica y moral. Y en cuarto lugar, hay una orientación constante hacia la gloria de Dios como el fin último de toda existencia humana, toda actividad eclesial y toda reflexión teológica responsable y fiel.
7️⃣Importancia Práctica de la Teología Propia para la Iglesia Local
La Teología Propia no es simplemente un área de estudio para seminarios o academias teológicas; tiene implicaciones directas e ineludibles para la vida de la iglesia local. En primer lugar, una iglesia con una Teología Propia sólida está mejor equipada para protegerse del error doctrinal. Los movimientos heréticos y las enseñanzas distorsionadas siempre comienzan distorsionando la imagen de Dios. Una congregación formada en la doctrina bíblica de Dios tendrá los recursos espirituales e intelectuales para discernir y rechazar esas distorsiones antes de que arraiguen. En segundo lugar, una Teología Propia robusta fortalece la predicación expositiva: cuando el pastor y los ancianos tienen una comprensión clara y profunda de quién es Dios, esa comprensión permea toda la enseñanza bíblica y le da profundidad, coherencia y poder transformador. Y en tercer lugar, la Teología Propia da a la iglesia una identidad teológica clara que orienta su misión, sus prioridades ministeriales y su postura ante los desafíos culturales de cada época histórica.
La Teología Propia dentro del Sistema de la Teología Sistemática
Dentro del sistema amplio de la teología sistemática, la Teología Propia ocupa un lugar estructuralmente fundacional. Si la teología sistemática fuera un edificio, la Teología Propia sería sus cimientos. Todas las demás subdisciplinas —Bibliología, Angelología, Antropología, Hamartiología, Cristología, Neumatología, Soteriología, Eclesiología, Escatología— presuponen y dependen de lo que se afirma en la Teología Propia acerca de quién es Dios. Por esta razón, los grandes teólogos sistemáticos de la historia —Calvino, Turretin, Berkhof, Grudem, Frame— siempre han ubicado el estudio de Dios en los primeros capítulos de sus obras, como el punto de partida lógico e ineludible de toda reflexión teológica cristiana. Estudiar cualquier otra doctrina sin haber establecido primero una base sólida en la Teología Propia es como intentar construir una casa sin cimientos: la estructura no tendrá la estabilidad necesaria para resistir los embates que inevitablemente vendrán.
Conclusión
La Teología Propia no es un ejercicio académico reservado para eruditos o un lujo intelectual para creyentes avanzados. Es, en su esencia más profunda, un llamado a conocer al Dios vivo que se ha revelado en la Escritura con el propósito de ser conocido, amado, obedecido y adorado. Conocer a Dios correctamente —en su santidad y su amor, en su soberanía y su misericordia, en su trascendencia y su inmanencia— es la raíz de toda vida cristiana auténtica, de toda adoración genuina y de toda misión fiel en el mundo. El profeta Jeremías declara las palabras de Dios con una claridad que no admite ambigüedad:
«Así dice el Señor: que no se gloríe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía el valiente, ni el rico en su riqueza; sino que el que se gloría, se gloríe en esto: en conocerme y entender que yo soy el Señor.»—Jeremías 9:23-24 (NVI)
Desde una perspectiva evangélica bautista, afirmamos con gozo y convicción que Dios se ha dado a conocer, que ese conocimiento es suficiente, verdadero y confiable porque proviene de su Palabra infalible, y que el estudio reverente y constante de quién es Dios es, no solo una obligación intelectual, sino el mayor privilegio y deleite que puede experimentar un ser humano redimido por la gracia de Jesucristo. Que este artículo sea un punto de partida para una exploración más profunda, constante y transformadora del Dios que se ha revelado en su Palabra.
Bibliografía y Recursos Recomendados
- Grudem, W. (2009). Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica. Editorial Vida.
- Berkhof, L. (1995). Teología Sistemática. Libros Desafío.
- Tozer, A.W. (2013). El Conocimiento del Dios Santo. Editorial Portavoz.
- Bavinck, H. (2004). Reformed Dogmatics, Vol. 2: God and Creation. Baker Academic.
- Frame, J. (2002). The Doctrine of God. P&R Publishing.
- Packer, J.I. (1993). El Conocimiento de Dios. Editorial Andamio.
- Calvino, J. (1994). Institución de la Religión Cristiana. Felire.
- Reeves, M. (2012). Delighting in the Trinity. InterVarsity Press.
- Achtemeier, E. (1992). Nature, God, and Pulpit. Eerdmans.
- Piper, J. (2000). Sed de Dios. Editorial Portavoz.
Artículo elaborado con base en fuentes teológicas evangélicas reconocidas, desde una perspectiva bautista bíblica y reformada. Todo el contenido ha sido verificado conforme a los principios de la hermenéutica histórico-gramatical.


Es excelente el post y muy informativo en realidad no sabía a qué se refería cuando vi la publicación por no había escuchado del término.
Dios les bendiga
El gran yo soy, o YO SOY EL QUE SOY