«¿Cómo puedes creer en un libro lleno de contradicciones?» Muchos creyentes han escuchado esta objeción, a menudo de alguien que nunca ha leído la Biblia completa pero ha visto una lista de «errores» en internet. La doctrina de la inerrancia afirma que la Escritura es verdadera en todo lo que enseña. Este artículo explica qué significa exactamente esa afirmación, qué no significa, en qué se apoya, cómo responder a las aparentes contradicciones y qué razones hay para confiar en la Biblia como documento histórico.
Definición
Una definición muy usada es la del teólogo Paul Feinberg: la inerrancia significa que, cuando se conozcan todos los datos, se demostrará que las Escrituras, en sus manuscritos originales y correctamente interpretadas, son completamente verdaderas en todo lo que afirman, ya sea sobre doctrina, moral, historia o el mundo natural.
Cada parte de la definición importa. «Cuando se conozcan todos los datos» reconoce que hoy no podemos resolver todas las dificultades. «Manuscritos originales» aclara que la inerrancia no se atribuye a cada copia o traducción. «Correctamente interpretadas» recuerda que muchas «contradicciones» nacen de malas lecturas. Y «todo lo que afirman» distingue lo que la Biblia afirma de lo que solo registra.
En 1978, varios centenares de líderes y eruditos evangélicos reunidos por el Consejo Internacional sobre la Inerrancia Bíblica firmaron la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica, que desarrolla esta doctrina en diecinueve artículos de afirmaciones y negaciones. Sigue siendo el texto de referencia sobre el tema.
Su fundamento
La inerrancia no se basa en una comprobación de cada dato, sino en el carácter de Dios y en la naturaleza de la Escritura. Si la Biblia es Palabra de Dios, como explicamos en la inspiración de la Biblia, y Dios «no miente» (Tito 1:2; Números 23:19), su Palabra es verdadera. La Escritura lo afirma de sí misma: «tu palabra es verdad» (Juan 17:17); «las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra» (Salmo 12:6); «toda palabra de Dios es limpia» (Proverbios 30:5). Y Jesús afirmó que «la Escritura no puede ser quebrantada» (Juan 10:35).
Lo que la inerrancia no significa
- No exige precisión técnica moderna. Usar números redondos o aproximados no es un error, como no lo es decir hoy que en un estadio había «cincuenta mil personas».
- Admite el lenguaje de la experiencia. Decir que «sale el sol» (Eclesiastés 1:5) describe lo que se ve, como lo hacen todavía los meteorólogos.
- Admite citas libres. En la Antigüedad no existían las comillas, y citar el sentido de unas palabras sin reproducirlas literalmente era una práctica aceptada.
- No significa que todo lo registrado sea aprobado. La Biblia recoge con exactitud las mentiras de Satanás (Génesis 3:4) o los razonamientos equivocados de los amigos de Job, sin afirmarlos como verdad.
- No exige que cada relato incluya todos los detalles ni que los distintos testigos cuenten los hechos en el mismo orden o con las mismas palabras.
Las aparentes contradicciones: tres ejemplos
¿Uno o dos endemoniados? Mateo cuenta que Jesús sanó a dos endemoniados en la región de los gadarenos (Mateo 8:28); Marcos y Lucas solo mencionan a uno (Marcos 5:2; Lucas 8:27). Pero Marcos no dice que hubiera «solo» uno: se centra en el más destacado, el que después quiso seguir a Jesús. Si dos testigos de un accidente mencionan a distintas personas, no se contradicen mientras ninguno afirme que no hubo más.
La muerte de Judas. Mateo dice que Judas se ahorcó (27:5); Hechos, que cayó de cabeza y se reventó (1:18). Una explicación propuesta desde la antigüedad es que ambos relatos describen distintos momentos del mismo hecho: Judas se colgó y, después, el cuerpo cayó. Es una armonización posible que encaja con ambos textos.
La inscripción de la cruz. Los cuatro evangelios recogen el letrero sobre la cruz con palabras ligeramente distintas (Mateo 27:37; Marcos 15:26; Lucas 23:38; Juan 19:19). Juan explica que estaba escrito en tres idiomas (19:20), y en cualquier caso los evangelistas pueden resumir el contenido. Todos coinciden en lo esencial: «el Rey de los judíos».
No todas las dificultades tienen una solución tan sencilla, y es honesto reconocerlo. Pero la experiencia muestra que muchas «contradicciones» se han resuelto con un mejor conocimiento del texto, de la historia o de la arqueología, y que la actitud razonable ante una dificultad pendiente es la paciencia, no la conclusión apresurada de que hay un error.
Razones para confiar en la Biblia como historia
Además del testimonio de la propia Escritura, hay razones históricas para confiar en ella. La arqueología ha confirmado muchos detalles que en otro tiempo se pusieron en duda. En Jerusalén se excavó el estanque de Betesda con sus pórticos, descrito en Juan 5:2. En 1961 apareció en Cesarea una inscripción con el nombre de Poncio Pilato como prefecto de Judea. Y en 1993, en Tel Dan, se encontró una estela aramea que menciona la «casa de David», la referencia extrabíblica más antigua conocida a la dinastía de David. A ello se suma la extraordinaria cantidad de manuscritos que permiten conocer el texto con gran seguridad.
Los bautistas y la inerrancia
La Confesión de New Hampshire de 1833, muy influyente entre los bautistas, describe la Biblia como un tesoro que tiene «por autor a Dios, por fin la salvación y por contenido la verdad, sin mezcla alguna de error». Esa fórmula pasó a las sucesivas versiones de la declaración de fe de la Convención Bautista del Sur. En las décadas de 1970 y 1980, el debate sobre la inerrancia fue central en la vida de esa convención, que terminó reafirmándola. La convicción de que la Biblia es verdadera en todo lo que afirma forma parte, así, de la identidad bautista histórica.
Por qué importa
Si la Biblia pudiera equivocarse en lo que afirma, el lector tendría que decidir por su cuenta qué partes son fiables, y su propio juicio se convertiría en la autoridad final. La inerrancia protege la confianza del creyente en las promesas de Dios: si Dios dice la verdad sobre la historia, podemos confiar en lo que dice sobre la salvación. Como dijo Jesús a Nicodemo: «si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?» (Juan 3:12).
Conclusión
La inerrancia no es una doctrina de miedo, que obligue a esconder las dificultades, sino de confianza: permite examinarlas con honestidad sabiendo que la Palabra de Dios no teme el estudio. «La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia» (Salmo 119:160).
Bibliografía recomendada
- Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica (1978).
- Geisler, Norman L. (ed.). Inerrancy. Grand Rapids: Zondervan, 1979.
- Blomberg, Craig L. Can We Still Believe the Bible? Grand Rapids: Brazos, 2014.
- Bruce, F. F. The New Testament Documents: Are They Reliable? Grand Rapids: Eerdmans.
