La Biblia fue escrita para nosotros, pero no fue escrita primero a nosotros. Sus libros se dirigieron a personas reales que vivían en el antiguo Oriente Próximo o en el Imperio romano, que hablaban otros idiomas, tenían otras costumbres y enfrentaban problemas distintos de los nuestros. Cuando un lector ignora esa distancia, es fácil que lea en el texto lo que nunca dijo. Este artículo explica qué son los distintos tipos de contexto y muestra, con ejemplos, cómo cambian la comprensión de un pasaje.
Tres tipos de contexto
- Contexto histórico: quién escribe, a quién, cuándo, dónde y en qué circunstancias políticas y religiosas.
- Contexto cultural: las costumbres, la geografía, la economía, las relaciones sociales y las creencias del mundo en que se escribió el texto.
- Contexto literario: el lugar del pasaje dentro del párrafo, del libro y de la Biblia entera, y el género al que pertenece.
Contexto histórico: a quién se escribió
Las cartas de Pablo a los corintios responden a una iglesia joven en una ciudad portuaria, rica y famosa por su inmoralidad, con miembros que provenían del paganismo. Saber que en Corinto la carne que se vendía en el mercado a menudo había sido ofrecida antes en los templos paganos explica por qué Pablo dedica tres capítulos a si los cristianos podían comerla (1 Corintios 8-10). Sin ese dato, el tema parece extraño; con él, se entiende como una cuestión diaria y muy práctica sobre la conciencia y el amor al hermano.
Contexto cultural: cómo lo entendieron ellos
El buen samaritano
Hoy «buen samaritano» es casi un elogio corriente. Para los oyentes de Jesús, la expresión era una contradicción. Judíos y samaritanos se despreciaban mutuamente desde hacía siglos por razones étnicas y religiosas; Juan lo resume diciendo que «judíos y samaritanos no se tratan entre sí» (Juan 4:9). Que el sacerdote y el levita pasen de largo, y que el héroe de la historia sea un samaritano, era un golpe directo al intérprete de la ley que quería limitar quién era su prójimo (Lucas 10:25-37). La parábola no solo enseña a ayudar al necesitado; desmonta los límites que ponemos al amor.
La segunda milla
«A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos» (Mateo 5:41). El verbo que usa Mateo describe la práctica por la que un soldado romano podía obligar a un civil a cargar su equipo durante una milla. Era una imposición humillante de la potencia ocupante. Jesús no pide simplemente «esforzarse un poco más», sino responder a la opresión con una generosidad que desarma.
Ni frío ni caliente
A la iglesia de Laodicea Jesús le dice: «ojalá fueses frío o caliente», pero eres tibio (Apocalipsis 3:15-16). A menudo se entiende que «frío» significa hostil a Dios y «caliente», ferviente, y que Jesús preferiría la hostilidad a la tibieza. Muchos estudiosos proponen otra lectura basada en la geografía: la vecina Hierápolis era famosa por sus aguas termales, útiles para la salud, y Colosas, por sus aguas frías y refrescantes. Laodicea, en cambio, recibía agua por un acueducto que llegaba tibia y con minerales. Según esta lectura, el reproche no es que la iglesia no fuera hostil, sino que no servía para nada: ni sanaba como el agua caliente ni refrescaba como la fría.
Contexto literario: lo que viene antes y después
Romanos 8:28 —«a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien»— se cita a menudo como si prometiera que todo saldrá como deseamos. Pero el versículo siguiente define ese «bien»: ser «hechos conformes a la imagen de su Hijo» (8:29). Y el contexto anterior habla de sufrimiento y de gemidos (8:18-27). El bien prometido no es la comodidad, sino la semejanza a Cristo, que Dios produce incluso por medio del dolor.
El contexto literario también incluye el canon entero. Ningún pasaje debe leerse como si fuera el único que habla de un tema, y por eso la Biblia se interpreta con la Biblia, como explicamos en la analogía de la fe. Y el género importa: no se lee igual un salmo que una carta. Ver géneros literarios en la Biblia.
Una advertencia: el contexto inventado
El contexto ilumina el texto, pero también puede usarse mal. Hay «datos históricos» que circulan en predicaciones sin ningún fundamento. El ejemplo más conocido es la afirmación de que el «ojo de una aguja» de Mateo 19:24 era una pequeña puerta de Jerusalén por la que un camello podía pasar si se arrodillaba y se le quitaba la carga. No hay ninguna evidencia arqueológica ni literaria antigua de esa puerta, y la explicación contradice el sentido del pasaje: Jesús habla de algo imposible para los hombres, aunque posible para Dios (19:26). Antes de usar un dato de contexto, conviene comprobar que procede de una fuente seria. Y el contexto nunca debe anular lo que el texto dice con claridad.
Herramientas para conocer el contexto
- Una Biblia de estudio con introducciones a cada libro, mapas y notas.
- Un diccionario bíblico, para personajes, lugares y costumbres.
- Un atlas bíblico, porque la geografía explica muchos detalles de los relatos.
- Comentarios de trasfondo, como el Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento, de Craig S. Keener.
Ampliamos este tema en herramientas para la exégesis bíblica.
Conclusión
Estudiar el contexto no aleja la Biblia de nosotros; la acerca. Cuando entendemos lo que un pasaje significó para sus primeros lectores, descubrimos con más claridad lo que Dios nos dice hoy, y evitamos ponerle palabras en la boca. El esfuerzo de cruzar la distancia histórica y cultural es una forma de tomar en serio que Dios habló en la historia real.
Bibliografía recomendada
- Keener, Craig S. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Nuevo Testamento. El Paso: Mundo Hispano.
- Walton, John H., Matthews, Victor H. y Chavalas, Mark W. The IVP Bible Background Commentary: Old Testament. Downers Grove: InterVarsity Press, 2000.
- Hemer, Colin J. The Letters to the Seven Churches of Asia in Their Local Setting. Sheffield: JSOT Press, 1986.
- Fee, Gordon D. y Stuart, Douglas. La lectura eficaz de la Biblia. Miami: Editorial Vida.

