Mateo cuenta que José, María y el niño huyeron a Egipto y permanecieron allí hasta la muerte de Herodes, «para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo» (Mateo 2:15). Pero si se lee Oseas 11:1, de donde procede la cita, el «hijo» es Israel, y el texto recuerda el Éxodo, no anuncia un acontecimiento futuro. ¿Se equivocó Mateo? ¿Leía la Biblia de otra manera? Ejemplos como este muestran que interpretar el Antiguo y el Nuevo Testamento exige atender tanto a lo que tienen en común como a sus diferencias. Este artículo lo explica.
Lo que tienen en común
Los dos testamentos son Palabra de Dios y se interpretan con los mismos principios básicos: buscar el sentido que quiso dar el autor, leer en contexto, respetar el género y dejar que la Escritura ilumine a la Escritura. Los explicamos en qué es la exégesis bíblica y en principios de interpretación bíblica. Además, ambos forman una sola historia: Jesús afirmó que era necesario que se cumpliera «todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» (Lucas 24:44).
Diferencias que el intérprete debe tener en cuenta
Idiomas
El Antiguo Testamento se escribió en hebreo, con algunas secciones en arameo; el Nuevo, en el griego común del siglo I, llamado koiné. El hebreo es una lengua concreta, rica en imágenes, con una poesía basada en el paralelismo y un sistema verbal que expresa más el aspecto de la acción que el tiempo. El griego del Nuevo Testamento permite matices lógicos muy precisos, que Pablo aprovecha en sus argumentos. Un detalle importante: los autores del Nuevo Testamento citan con frecuencia el Antiguo según la Septuaginta, la traducción griega usada por los judíos de habla griega, lo que explica algunas diferencias entre la cita y el texto hebreo que leemos en nuestras Biblias.
Extensión temporal y contexto histórico
El Antiguo Testamento abarca siglos de historia y se sitúa en el mundo del antiguo Oriente Próximo: Egipto, Asiria, Babilonia y Persia. El Nuevo Testamento se escribió en pocas décadas, dentro del Imperio romano y en diálogo con el judaísmo del Segundo Templo y la cultura grecorromana. Cada contexto exige herramientas distintas, como explicamos en contexto histórico, cultural y literario de la Biblia.
Géneros predominantes
En el Antiguo Testamento predominan la narración, la ley, la poesía y la profecía; en el Nuevo, los evangelios y las cartas. Esto cambia el modo de trabajar: en una carta paulina se sigue un argumento lógico, mientras que en un relato del Antiguo Testamento hay que atender a la trama, los personajes y los comentarios del narrador. Ver géneros literarios en la Biblia.
El lugar en la historia de la salvación
El Antiguo Testamento pertenece a la etapa de la promesa y del antiguo pacto; el Nuevo, a la del cumplimiento en Cristo y del nuevo pacto. Por eso un mandato del Antiguo Testamento —sobre los sacrificios, las leyes alimentarias o el templo— no se aplica hoy de forma directa sin preguntar cómo se cumple en Cristo (Hebreos 8:13; 10:1).
Cómo usa el Nuevo Testamento el Antiguo
El Nuevo Testamento cita o alude al Antiguo centenares de veces, y no siempre de la misma manera. Algunas citas son predicciones directas que se cumplen literalmente, como el nacimiento del Mesías en Belén (Miqueas 5:2; Mateo 2:5-6). Otras aplican un principio general, como cuando Pablo usa la ley sobre no poner bozal al buey para defender el sostén de los ministros (Deuteronomio 25:4; 1 Corintios 9:9-10). Y otras son tipológicas: ven en personas, instituciones o acontecimientos del Antiguo Testamento un modelo que anticipa su realización plena en Cristo.
El ejemplo de Mateo 2:15 pertenece a este último grupo. Mateo sabía perfectamente que Oseas hablaba de Israel. Su punto es que Jesús recorre de nuevo la historia de Israel, pero de forma fiel: como Israel, sale de Egipto; como Israel, pasa por las aguas (su bautismo) y por el desierto (sus cuarenta días de tentación, en los que responde citando Deuteronomio). Donde el «hijo» Israel falló, el Hijo verdadero obedece. Mateo no inventa un sentido nuevo para Oseas, sino que muestra que la historia de Israel apuntaba a Cristo.
Tipología no es alegoría
La tipología se apoya en correspondencias reales dentro de la historia de la salvación: el cordero de la Pascua y Cristo, «nuestra pascua» (1 Corintios 5:7); el sumo sacerdote y Cristo, nuestro sumo sacerdote (Hebreos 4:14). La alegoría, en cambio, atribuye significados ocultos a detalles del texto sin base en el propio relato, como cuando se decía que las cinco piedras de David representaban cinco virtudes. La primera respeta el sentido histórico del Antiguo Testamento y lo ve cumplido en Cristo; la segunda lo deja de lado. El intérprete debe ser prudente y apoyarse, siempre que pueda, en las conexiones que el propio Nuevo Testamento establece.
Recomendaciones prácticas
- Lee primero el Antiguo Testamento en sus propios términos. Pregunta qué significó para Israel antes de preguntar cómo se cumple en Cristo.
- Luego léelo a la luz del Nuevo. El Antiguo Testamento no está completo sin su cumplimiento, y el Nuevo no se entiende sin su raíz.
- Cuando el Nuevo Testamento cite el Antiguo, ve al pasaje original y lee su contexto: muchas veces la cita evoca todo el pasaje, no solo una frase.
- Evita dos extremos: tratar el Antiguo Testamento como un libro superado que ya no habla a la iglesia, y convertir cada detalle en un símbolo de Cristo.
Conclusión
Agustín de Hipona resumió la relación entre los testamentos con una frase muy citada: el Nuevo está escondido en el Antiguo, y el Antiguo se manifiesta en el Nuevo. Interpretar bien ambos exige respetar sus diferencias de lengua, contexto, género y etapa de la historia de la salvación, sin perder de vista que cuentan una sola historia, cuyo centro es Jesucristo.
Bibliografía recomendada
- Beale, G. K. y Carson, D. A. (eds.). Commentary on the New Testament Use of the Old Testament. Grand Rapids: Baker, 2007.
- Wright, Christopher J. H. Knowing Jesus Through the Old Testament. Downers Grove: InterVarsity Press, 1992.
- Kaiser, Walter C. The Uses of the Old Testament in the New. Chicago: Moody, 1985.
- Fee, Gordon D. y Stuart, Douglas. La lectura eficaz de la Biblia. Miami: Editorial Vida.
