¿Quién es Jesucristo? Verdadero Dios y verdadero hombre

En Cesarea de Filipo, Jesús hizo a sus discípulos dos preguntas. La primera era fácil: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Las respuestas variaban: Juan el Bautista, Elías, uno de los profetas. La segunda era decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Marcos 8:27-29). Dos mil años después, esa sigue siendo la pregunta más importante que una persona puede responder. Este artículo presenta lo que la Biblia enseña sobre la persona de Jesucristo: que existió en la historia, que es verdadero Dios, que es verdadero hombre y por qué ambas cosas son necesarias para nuestra salvación.

Un personaje histórico

La existencia de Jesús de Nazaret no depende solo del testimonio cristiano. El historiador romano Tácito, escribiendo a comienzos del siglo II sobre el incendio de Roma, menciona a los cristianos y explica que su nombre procede de Cristo, que fue ejecutado bajo el gobierno de Poncio Pilato. El historiador judío Flavio Josefo, a finales del siglo I, se refiere a «Jacobo, hermano de Jesús, llamado el Cristo». La inmensa mayoría de los historiadores, creyentes o no, acepta que Jesús vivió en Galilea, reunió discípulos, enseñó y murió crucificado en Jerusalén. La pregunta no es si existió, sino quién era.

Verdadero Dios

Lo afirman los apóstoles. Juan comienza su evangelio diciendo que «el Verbo era Dios» y que ese Verbo «fue hecho carne» (Juan 1:1, 14). Pablo afirma que en Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses 2:9) y lo llama «nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:13). Tomás, ante el Resucitado, confiesa: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28).

Lo afirmó Jesús mismo. Jesús perdonó pecados, algo que sus oyentes entendieron como una prerrogativa exclusiva de Dios: «¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?» (Marcos 2:7). Dijo: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58), y sus oyentes tomaron piedras para apedrearlo porque entendieron que se aplicaba el nombre divino de Éxodo 3:14. Ante el sumo sacerdote, se identificó con el Hijo del Hombre de Daniel 7, que viene en las nubes del cielo, y fue condenado por blasfemia (Marcos 14:61-64).

Recibió adoración. Pedro y los ángeles rechazan ser adorados (Hechos 10:25-26; Apocalipsis 22:8-9), pero Jesús acepta la adoración de sus discípulos (Mateo 14:33; 28:9). Y el Nuevo Testamento le atribuye obras divinas: la creación de todas las cosas (Colosenses 1:16), el sostenimiento del universo (Hebreos 1:3) y el juicio final (Juan 5:22). Lo explicamos en relación con el Padre y el Espíritu en la Trinidad.

Verdadero hombre

Con la misma claridad, la Biblia presenta a Jesús como plenamente humano. Nació de una mujer (Gálatas 4:4) y creció «en sabiduría y en estatura» (Lucas 2:52). Tuvo hambre (Mateo 4:2), sed (Juan 19:28) y cansancio, hasta el punto de sentarse agotado junto a un pozo (Juan 4:6). Lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Juan 11:35), sintió angustia en Getsemaní (Marcos 14:33-34) y murió de verdad en una cruz. No era Dios disfrazado de hombre, sino Dios hecho hombre.

Su concepción fue milagrosa: Mateo y Lucas afirman que fue concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre de María, sin intervención de varón (Mateo 1:18-25; Lucas 1:34-35). Y su vida fue única en un aspecto: fue tentado «en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Pedro, que convivió con él durante años, escribió que «no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca» (1 Pedro 2:22).

Dos naturalezas, una sola persona

¿Cómo puede alguien ser a la vez Dios y hombre? La iglesia antigua, frente a varios errores, lo resumió en el Concilio de Calcedonia (451): Cristo es una sola persona con dos naturalezas, divina y humana, unidas sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación. Esa definición no explica el misterio, pero lo protege de las simplificaciones:

ErrorQué enseñabaRespuesta bíblica
DocetismoJesús solo parecía humano«Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios» (1 Juan 4:2)
ArrianismoJesús era una criatura exaltada, no Dios«El Verbo era Dios» (Juan 1:1)
NestorianismoDos personas unidas en CristoUn solo Señor Jesucristo (1 Corintios 8:6)
EutiquianismoLa naturaleza humana absorbida por la divinaFue hecho semejante a sus hermanos en todo (Hebreos 2:17)

Puedes ver cómo se formularon estas definiciones en la Iglesia antigua y los concilios ecuménicos.

Por qué tenía que ser Dios y hombre

En el siglo XI, Anselmo de Canterbury escribió un breve libro titulado ¿Por qué Dios se hizo hombre? Su respuesta, en esencia, es esta: el ser humano debía satisfacer la deuda de su pecado, pero solo Dios podía hacerlo. Por eso el Salvador debía ser ambas cosas. La Escritura lo expresa de varias maneras. Como hombre, Cristo pudo representarnos, obedecer en nuestro lugar y morir; como Dios, su obediencia y su sacrificio tienen un valor infinito y su victoria sobre la muerte es definitiva. Por eso es «un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5), y puede ser un sumo sacerdote que se compadece de nuestras debilidades (Hebreos 4:15) y que a la vez «puede también salvar perpetuamente» (7:25).

Profeta, sacerdote y rey

Juan Calvino resumió la obra de Cristo en tres oficios que en el Antiguo Testamento se ejercían por separado y que se unen en él. Como profeta, Cristo nos revela a Dios de forma definitiva (Hebreos 1:1-2). Como sacerdote, se ofrece a sí mismo como sacrificio por el pecado e intercede por los suyos (Hebreos 9:11-14). Como rey, gobierna sobre su iglesia y sobre toda la creación (Mateo 28:18). La Confesión Bautista de Londres de 1689 desarrolla estos tres oficios en su capítulo 8, dedicado a Cristo el Mediador.

¿Solo un buen maestro?

Muchas personas respetan a Jesús como un gran maestro moral, pero no lo reconocen como Dios. C. S. Lewis señaló en Mero cristianismo que esa opción no está realmente disponible: alguien que afirma perdonar pecados ajenos, existir antes que Abraham y venir a juzgar al mundo no es simplemente un buen maestro. O bien se engañaba gravemente, o bien engañaba a otros, o bien era quien decía ser. Los evangelios no nos dejan la posibilidad de admirarlo con distancia; nos ponen ante la misma pregunta que hizo a sus discípulos.

Conclusión

La respuesta de Pedro en Cesarea de Filipo sigue siendo la confesión de la iglesia: «Tú eres el Cristo» (Marcos 8:29). Jesucristo es verdadero Dios, y por eso en él vemos al Padre; es verdadero hombre, y por eso puede representarnos; es una sola persona, y por eso es nuestro único Salvador. Conocerlo no es solo una cuestión de doctrina correcta, sino de confianza personal: «Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:31).

Bibliografía recomendada

  • Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, capítulo 8: «De Cristo el Mediador».
  • Grudem, Wayne. Teología sistemática. Miami: Editorial Vida, 2007. Capítulos 26-29.
  • Macleod, Donald. The Person of Christ. Downers Grove: InterVarsity Press, 1998.
  • Wellum, Stephen J. God the Son Incarnate. Wheaton: Crossway, 2016.
  • Anselmo de Canterbury. ¿Por qué Dios se hizo hombre?

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