Exégesis vs. eiségesis: cómo evitar imponer ideas al texto bíblico

Hay dos maneras de acercarse a la Biblia. En una, el lector pregunta qué dice el texto y está dispuesto a que le corrija. En la otra, el lector ya sabe lo que quiere encontrar y busca un versículo que lo respalde. La primera se llama exégesis, «sacar» el significado del texto; la segunda, eiségesis, «meter» en el texto un significado ajeno. La diferencia es sencilla de definir y sorprendentemente difícil de practicar. Este artículo muestra cómo se produce la eiségesis con ejemplos frecuentes y cómo evitarla.

Ejemplos frecuentes de eiségesis

«Donde están dos o tres»

«Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20) se cita a menudo para consolar a una reunión de oración poco concurrida. Pero el contexto (18:15-20) trata de la disciplina en la iglesia: cómo confrontar a un hermano que peca, primero en privado, luego con «uno o dos» testigos y, si es necesario, ante la iglesia. Jesús promete respaldar las decisiones que la iglesia tome en su nombre en ese proceso. Que Cristo esté presente con su pueblo es una verdad bíblica, pero no es lo que este versículo enseña en primer lugar.

«Dad, y se os dará»

Lucas 6:38 se usa con frecuencia para prometer prosperidad económica a quien ofrenda. Pero el versículo anterior dice: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados» (6:37). Jesús está hablando de la misericordia: la medida con que tratamos a los demás será la medida con que se nos tratará. La generosidad material puede ser una aplicación, pero convertir el texto en una fórmula de inversión es imponerle un sentido que no tiene.

«Que seas prosperado en todas las cosas»

Tercera de Juan 2 dice: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». Algunos predicadores lo presentan como una promesa de riqueza y salud para todo creyente. Pero se trata del saludo inicial de una carta personal a un hombre llamado Gayo, una fórmula muy habitual en las cartas de la época, equivalente a nuestro «espero que te encuentres bien». Es un buen deseo de Juan, no una promesa de Dios para todos los cristianos.

«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo»

Apocalipsis 3:20 se usa mucho en la evangelización, como una invitación a recibir a Cristo en el corazón. El texto se dirige, sin embargo, a una iglesia, la de Laodicea, que se creía rica y no necesitaba nada (3:17). Cristo está fuera de una congregación que dice ser suya y la llama al arrepentimiento. Aplicarlo a una persona que todavía no cree no es necesariamente falso, porque el principio de la invitación de Cristo es bíblico; pero conviene saber que el destinatario original es una iglesia tibia, y que el pasaje es, ante todo, una advertencia para los que ya están dentro.

Por qué caemos en la eiségesis

Porque todos tenemos presuposiciones. Nadie llega a la Biblia con la mente en blanco: traemos nuestra cultura, nuestra tradición y nuestras experiencias. Eso no es malo en sí; el problema es no ser conscientes de ello y no permitir que el texto las corrija. Grant Osborne describió la interpretación como una espiral: volvemos una y otra vez al texto, y en cada vuelta nuestras ideas previas se ajustan un poco más a lo que dice.

Porque queremos aplicar demasiado pronto. La pregunta «¿qué me dice este versículo a mí?» es buena, pero si se hace antes de preguntar «¿qué dijo a sus primeros lectores?», la respuesta suele ser lo que el lector ya pensaba.

Porque buscamos apoyo para una idea ya decidida. Es la tentación de usar la Biblia como un cajón de citas para respaldar sermones, campañas o posturas personales.

Por desconocimiento del contexto histórico, cultural o literario. Lo desarrollamos en contexto histórico, cultural y literario de la Biblia.

Cómo evitarla

  1. Lee el párrafo completo, y si es posible el capítulo, antes de sacar conclusiones de un versículo.
  2. Pregunta quién habla, a quién y por qué. ¿Es una promesa a Israel, a una iglesia concreta o a todos los creyentes?
  3. Identifica el género. Un proverbio, una narración y una epístola se leen de manera distinta.
  4. Pregúntate si los primeros lectores habrían entendido tu interpretación. Si no, probablemente no es lo que el texto dice.
  5. Compara con otros pasajes y consulta buenos comentarios, sobre todo si tu interpretación es nueva o sorprendente.
  6. Mantente dispuesto a cambiar de opinión. La señal de una buena exégesis es que, de vez en cuando, el texto nos sorprende y nos contradice.

Conclusión

La eiségesis no suele nacer de la mala fe, sino de la prisa, la costumbre o el deseo sincero de encontrar una palabra de Dios para el momento. Pero cuando hacemos decir a la Biblia lo que no dice, terminamos escuchándonos a nosotros mismos. La exégesis exige más trabajo y más humildad, pero tiene una gran recompensa: escuchar de verdad la voz de Dios, incluso cuando dice algo que no esperábamos. Si quieres ver el método aplicado paso a paso, lee qué es la exégesis bíblica.

Bibliografía recomendada

  • Fee, Gordon D. y Stuart, Douglas. La lectura eficaz de la Biblia. Miami: Editorial Vida.
  • Carson, D. A. Exegetical Fallacies. 2.ª ed. Grand Rapids: Baker, 1996.
  • Osborne, Grant R. The Hermeneutical Spiral. Downers Grove: InterVarsity Press, 1991.

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