Todo creyente evangélico de habla hispana que abre una Reina-Valera tiene en las manos un fruto directo de la Reforma Protestante. Esa traducción nació en el siglo XVI de la mano de dos monjes sevillanos que tuvieron que huir de España por leer la Biblia de otra manera. La Reforma no es un capítulo lejano de la historia europea: explica por qué las iglesias evangélicas predican como predican, creen lo que creen y se organizan como se organizan.
En este artículo repasamos el contexto que la hizo posible, sus principales protagonistas, sus convicciones teológicas, la respuesta católica y su relación con el origen de las iglesias bautistas.
El contexto: una iglesia que pedía reforma
El deseo de reformar la iglesia no empezó en 1517. En el siglo XIV, John Wyclif, en Inglaterra, defendió la autoridad de la Escritura por encima del papado e impulsó la traducción de la Biblia al inglés. En Bohemia, Jan Hus siguió ideas parecidas y fue quemado en la hoguera en 1415, durante el Concilio de Constanza, a pesar de haber recibido un salvoconducto.
A comienzos del siglo XVI se sumaron otros factores. La imprenta de tipos móviles permitía difundir ideas con una rapidez desconocida hasta entonces. El humanismo renacentista promovía el regreso a las fuentes (ad fontes), y en 1516 Erasmo de Róterdam publicó una edición del Nuevo Testamento en griego que permitió a muchos estudiosos leer el texto original y compararlo con la Vulgata latina. Al mismo tiempo, abundaban las quejas por la corrupción del clero, la acumulación de cargos eclesiásticos y el uso del dinero en asuntos espirituales.
Martín Lutero y el detonante de las indulgencias
Martín Lutero era un monje agustino y profesor de Biblia en la Universidad de Wittenberg. Atormentado por la conciencia de su pecado, encontró en el estudio de Romanos la respuesta que buscaba: «el justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17). Entendió que la justicia que Dios exige es también la justicia que Dios regala por medio de la fe en Cristo.
El conflicto público estalló por las indulgencias. Para financiar la reconstrucción de la basílica de San Pedro en Roma, el dominico Johann Tetzel predicaba en Alemania la compra de indulgencias que, según se prometía, reducían el castigo de los pecados en el purgatorio, incluso para los difuntos. El 31 de octubre de 1517, Lutero envió al arzobispo Alberto de Maguncia sus 95 tesis contra esta práctica. La tradición sostiene que también las clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg; los historiadores discuten ese detalle, pero no su efecto: gracias a la imprenta, las tesis recorrieron Alemania en pocas semanas.
Lutero no buscaba fundar una iglesia nueva, sino corregir la que existía. Pero en 1520 publicó tres obras que fueron más allá de las indulgencias —A la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y La libertad del cristiano— y en enero de 1521 fue excomulgado. En abril de ese año, ante el emperador Carlos V en la Dieta de Worms, se negó a retractarse a menos que se le convenciera por la Escritura o por razones evidentes, porque su conciencia estaba «cautiva de la Palabra de Dios». Escondido después en el castillo de Wartburg, tradujo el Nuevo Testamento al alemán, que se publicó en 1522; la Biblia completa apareció en 1534.
La Reforma en Suiza: Zuinglio y Calvino
Casi al mismo tiempo, y en buena medida de forma independiente, Ulrico Zuinglio comenzó en 1519 a predicar en Zúrich el Evangelio de Mateo de manera continuada, capítulo por capítulo, en lugar de seguir el leccionario tradicional. Tras unas disputas públicas en 1523, el gobierno de la ciudad adoptó la Reforma. Lutero y Zuinglio coincidían en mucho, pero en el Coloquio de Marburgo (1529) no lograron ponerse de acuerdo sobre la Cena del Señor: Lutero sostenía la presencia real del cuerpo de Cristo en el pan; Zuinglio la entendía como un memorial. Zuinglio murió en 1531 en la batalla de Kappel.
Juan Calvino, francés, pertenece a la segunda generación. En 1536 publicó en Basilea la primera edición de la Institución de la religión cristiana, que fue ampliando hasta la versión definitiva de 1559. Desde Ginebra, donde trabajó desde 1541 hasta su muerte, formó pastores, organizó la vida de la iglesia y escribió comentarios sobre casi toda la Biblia. Su influencia llegó a Francia, los Países Bajos, Escocia e Inglaterra.
La Reforma radical y los anabaptistas
Algunos discípulos de Zuinglio en Zúrich, como Conrado Grebel y Félix Manz, concluyeron que la Reforma no estaba llegando hasta el final. Si la iglesia debe regirse por la Escritura, razonaban, el bautismo debe administrarse a quienes profesan la fe, y la iglesia debe ser una comunidad de creyentes y no una institución a la que se pertenece por nacer en un territorio. El 21 de enero de 1525 se bautizaron unos a otros como creyentes. Sus adversarios los llamaron «anabaptistas», es decir, «rebautizadores».
La reacción fue durísima, tanto de católicos como de protestantes. Félix Manz fue ahogado en el río Limmat en 1527 por orden de las autoridades de Zúrich. Ese mismo año, Miguel Sattler redactó la Confesión de Schleitheim y murió ejecutado poco después. Más tarde, Menno Simons reunió a muchas de estas comunidades en los Países Bajos. Este movimiento, conocido como Reforma radical, defendió convicciones que hoy reconocemos en muchas iglesias evangélicas: el bautismo de creyentes, la separación entre iglesia y Estado y la libertad de conciencia.
Las convicciones centrales
Con frecuencia se resume la teología de la Reforma en cinco expresiones latinas conocidas como las «cinco solas». Conviene saber que los reformadores usaban estas fórmulas por separado y que su agrupación como lista de cinco es muy posterior. Aun así, resumen bien lo que estaba en juego:
- Sola Scriptura: la Escritura es la autoridad final, por encima de la tradición y de los concilios. Lo explicamos en Sola Scriptura.
- Sola Gratia: la salvación es un don inmerecido de Dios.
- Sola Fide: el pecador es declarado justo por medio de la fe, no por sus obras (Romanos 3:28; Efesios 2:8-9).
- Solus Christus: Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).
- Soli Deo Gloria: toda la vida, y no solo el culto, existe para la gloria de Dios.
A estas se suma el sacerdocio de todos los creyentes: todo cristiano tiene acceso directo a Dios por medio de Cristo, sin necesidad de un sacerdote humano que medie, y toda vocación legítima puede vivirse como servicio a Dios.
La Reforma en Inglaterra y en el mundo hispano
En Inglaterra la ruptura con Roma tuvo primero un motivo político: Enrique VIII quería anular su matrimonio, y en 1534 el Acta de Supremacía lo declaró cabeza de la iglesia inglesa. La reforma doctrinal llegó de forma más gradual. Antes de eso, William Tyndale había traducido el Nuevo Testamento del griego al inglés (1526); fue ejecutado en 1536.
En España, las ideas reformadas llegaron a grupos de Sevilla y Valladolid, que fueron duramente reprimidos por la Inquisición. Del monasterio de San Isidoro del Campo, en Sevilla, huyeron varios monjes, entre ellos Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Reina publicó en 1569, en Basilea, la primera Biblia completa traducida al castellano desde los idiomas originales, conocida como la Biblia del Oso por el grabado de su portada. Valera la revisó y publicó su revisión en Ámsterdam en 1602. De ese trabajo procede la Reina-Valera que millones de hispanohablantes siguen leyendo hoy.
La respuesta católica: el Concilio de Trento
La Iglesia católica respondió con el Concilio de Trento (1545-1563). El concilio corrigió abusos reales —por ejemplo, prohibió la venta de indulgencias y exigió una mejor formación del clero—, pero también rechazó las doctrinas centrales de la Reforma. En su decreto sobre la justificación (1547) afirmó que la justificación incluye la renovación interior del creyente y condenó la idea de que el pecador sea justificado por la fe sola. Además, reafirmó la autoridad de la tradición junto a la Escritura. Con ello, la división se volvió definitiva.
La Reforma y el origen de los bautistas
Las primeras iglesias que hoy llamamos bautistas no nacieron en el siglo XVI, sino en el XVII, en el ambiente de los separatistas ingleses. En 1609, en Ámsterdam, John Smyth y Thomas Helwys formaron una congregación que practicaba el bautismo de creyentes. Helwys regresó a Inglaterra y en 1612 fundó en Spitalfields, cerca de Londres, la primera iglesia bautista en suelo inglés. Ese mismo año escribió un tratado en defensa de la libertad religiosa para todos, algo excepcional en su época, y murió en prisión pocos años después. En las décadas siguientes surgieron los bautistas «particulares», que publicaron la Primera Confesión de Londres en 1644.
Los historiadores debaten cuánto influyeron los anabaptistas en estos primeros bautistas. Lo que no se discute es que los bautistas heredaron de la Reforma magisterial la autoridad de la Escritura y la justificación por la fe, y comparten con la Reforma radical el bautismo de creyentes, la iglesia como comunidad de creyentes y la defensa de la libertad de conciencia.
Lecciones para la iglesia de hoy
La Reforma recuerda que la iglesia necesita volver una y otra vez a la Escritura, porque toda tradición humana, también la evangélica, puede desviarse. Recuerda también que el evangelio de la gracia no es un detalle doctrinal negociable, sino el centro de la fe. Y su historia, con persecuciones entre los propios protestantes, advierte del peligro de imponer la fe por la fuerza. La convicción bautista de que nadie debe ser obligado a creer nació, en buena parte, de esa experiencia.
Cronología básica
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1415 | Jan Hus muere en la hoguera en Constanza |
| 1516 | Erasmo publica el Nuevo Testamento en griego |
| 1517 | Lutero difunde las 95 tesis |
| 1521 | Dieta de Worms |
| 1525 | Primeros bautismos de creyentes en Zúrich |
| 1529 | Coloquio de Marburgo |
| 1534 | Acta de Supremacía en Inglaterra; Biblia completa de Lutero |
| 1536 | Primera edición de la Institución de Calvino |
| 1545-1563 | Concilio de Trento |
| 1569 | Biblia del Oso de Casiodoro de Reina |
| 1602 | Revisión de Cipriano de Valera |
| 1612 | Primera iglesia bautista en Inglaterra |
Bibliografía recomendada
- González, Justo L. Historia del cristianismo, tomo 2. Miami: Editorial Unilit.
- Bainton, Roland H. Here I Stand: A Life of Martin Luther. Nashville: Abingdon, 1950.
- George, Timothy. Theology of the Reformers. Nashville: Broadman, 1988.
- MacCulloch, Diarmaid. The Reformation: A History. Nueva York: Viking, 2004.
