La segunda venida de Cristo

La segunda venida de Cristo: qué enseña la Biblia

Cada domingo, millones de cristianos de tradiciones muy distintas confiesan con el Credo de los Apóstoles que Cristo «vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos». Es una de las pocas convicciones que comparten prácticamente todas las iglesias. Sin embargo, el tema suele llegar al público rodeado de fechas calculadas, mapas proféticos y titulares alarmistas. Este artículo se centra en lo que la Biblia enseña con claridad sobre la segunda venida de Cristo y en lo que esa esperanza debe producir en la vida del creyente.

Las palabras del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento usa tres términos griegos principales para referirse al regreso de Cristo. Parousía significa «presencia» o «llegada» y se usaba para la visita oficial de un rey o un emperador a una ciudad (1 Tesalonicenses 4:15). Epipháneia, «manifestación», subraya que será visible y gloriosa (Tito 2:13). Y apokálypsis, «revelación», indica que lo que ahora está oculto quedará al descubierto (1 Pedro 1:7). Juntos describen un acontecimiento público, majestuoso y definitivo.

Lo que la Biblia afirma con claridad

Será personal

No vendrá una idea, una época ni una influencia, sino el mismo Jesús. Los ángeles dijeron a los discípulos en la ascensión: «este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1:11). Jesús mismo lo prometió: «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo» (Juan 14:3).

Será visible y pública

«He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá» (Apocalipsis 1:7). Jesús advirtió contra quienes anunciaran que el Cristo está escondido en el desierto o en un aposento secreto, «porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre» (Mateo 24:26-27). Por eso cualquier afirmación de que Cristo ya vino en secreto, o de que alguien es su encarnación actual, contradice directamente la Escritura.

Será gloriosa y en poder

La primera vez vino en humildad, nacido en un pesebre; la segunda vendrá «sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria» (Mateo 24:30). Hebreos lo resume así: Cristo «fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan» (Hebreos 9:28).

Su fecha es desconocida

«Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre» (Mateo 24:36). Vendrá «así como ladrón en la noche» (1 Tesalonicenses 5:2). La historia está llena de predicciones fallidas. En el siglo XIX, el predicador estadounidense William Miller anunció el regreso de Cristo para 1844, y miles de seguidores vivieron lo que se llamó «la Gran Decepción». En 2011, el locutor Harold Camping fijó una fecha que también pasó sin cumplirse. Cada fecha calculada no solo fracasa; también desobedece una advertencia explícita de Jesús.

Traerá resurrección y juicio

La venida de Cristo no es un acontecimiento aislado, sino el comienzo de la consumación: los muertos resucitarán (1 Corintios 15:22-23), los creyentes vivos serán transformados (1 Corintios 15:51-52), todos comparecerán ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10) y Dios hará nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5). Lo desarrollamos en el juicio final y el estado eterno.

¿Y las señales?

Jesús habló de guerras, hambres, terremotos, persecución, falsos profetas y enfriamiento del amor (Mateo 24:6-12), pero añadió algo que se suele olvidar: «todo esto es principio de dolores» y «aún no es el fin» (24:6, 8). Estas señales caracterizan toda la historia entre su primera y su segunda venida; no sirven para calcular fechas, sino para que los creyentes no se sorprendan ni se desanimen.

Dos indicaciones tienen un carácter más específico. Jesús dijo que «será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14). Y Pablo explica que antes de ese día vendrá «la apostasía» y se manifestará «el hombre de pecado» (2 Tesalonicenses 2:3). Cómo encajan estas señales con la inminencia de la venida es parte del debate que presentamos en el arrebatamiento y la gran tribulación y en el milenio en Apocalipsis 20.

¿Por qué tarda?

La objeción no es nueva. Ya en el siglo I había quienes se burlaban diciendo: «¿Dónde está la promesa de su advenimiento?» (2 Pedro 3:4). Pedro responde con dos argumentos. Primero, que Dios no mide el tiempo como nosotros: «para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día» (3:8). Segundo, que la demora no es descuido, sino misericordia: «el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (3:9). Cada día que pasa es un día más de oportunidad para el evangelio.

Lo que la esperanza produce

El Nuevo Testamento casi nunca menciona la segunda venida sin extraer de ella una consecuencia práctica:

  • Vigilancia: «Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor» (Mateo 24:42). Las parábolas que siguen en Mateo 24-25 —el siervo fiel, las diez vírgenes, los talentos— muestran que velar no es mirar al cielo, sino ser fiel en lo que se nos ha encomendado.
  • Santidad: «todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3:3).
  • Consuelo: frente a la muerte de los creyentes, Pablo manda: «alentaos los unos a los otros con estas palabras» (1 Tesalonicenses 4:18).
  • Perseverancia: «tened paciencia hasta la venida del Señor» (Santiago 5:7).
  • Misión: si el fin llega cuando el evangelio haya alcanzado a las naciones, esperar a Cristo implica anunciarlo.

La Confesión Bautista de Londres de 1689 lo expresa en su último capítulo: Cristo quiso que el día de su venida fuera cierto, pero desconocido, para que los creyentes se despojen de toda seguridad carnal, estén siempre velando y estén preparados para decir: «Ven, Señor Jesús; ven pronto».

Conclusión

Una de las oraciones más antiguas de la iglesia se conserva en arameo en el Nuevo Testamento: Maranata, «el Señor viene» o «ven, Señor» (1 Corintios 16:22). Los primeros cristianos no la pronunciaban con miedo ni con curiosidad, sino con anhelo. La segunda venida no es una amenaza para quienes confían en Cristo, sino el cumplimiento de su esperanza: ver cara a cara a Aquel que los amó y se entregó por ellos.

Bibliografía recomendada

  • Hoekema, Anthony A. The Bible and the Future. Grand Rapids: Eerdmans, 1979.
  • Ladd, George Eldon. The Blessed Hope. Grand Rapids: Eerdmans, 1956.
  • Grudem, Wayne. Teología sistemática. Miami: Editorial Vida, 2007. Capítulo 54.
  • Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, capítulo 32: «Del juicio final».

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